La sala de farmacia llena. Todos hablan, se ríen, se quejan, hablan por el celular, los niños corren, otros ríen y otros lloran. Está el que mira embelesado no se sabe qué, está el de cara me toca a mí, está el de para cuando me toca y los como yo con cara de me quiero ir. Pero no me voy, sigo estacada a esta silla de plástico duro, no me muevo, sólo pienso y de vez en cuando miro, cuando siento un ruido mas insoportable que los ya existentes. El dolor de cabeza aumenta al igual que el mareo. Solo me falta que se me insinúe una náusea y lagar el chorro vómitoso que estoy guardando muy muy adentro para que no salga. O sí, tendría que dejar salir todo y quizás, solo digo quizás se salteen algunos números y me atiendan antes.
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